Artículo 5.293º: “No olvidar la música y Thomas Mann”.
Toda persona pone sus consuelos
en tiempos de crisis en algunas realidades, la mayoría en sí mismo, también en
la familia, desde luego en su vocación, profesión y en un Arte.
En
ese enorme exilio que se produjo en las décadas de 1930-1940 en Europa, muchos
se marcharon, si pudieron, otros quedaron atrapados en el semicontinente de
Europa, otros se vieron obligados a quedarse, quizás, porque no percibieron
tanto peligro, quizás, porque les atraparon las circunstancias en el
intermedio. Podríamos contar tantos casos y tantos nombres. Pero creo que para la
organización de este artículo, es mejor hablar en general, para que así, el
lector/a normal se sienta reflejado.
Thomas Mann (1875-1955) del que hemos citado
en el título se refugió en la música, marchó a Norteamérica, y, se refugió en
la música como Arte, evidentemente, también en la suya propia como oficio y
profesión y vocación: la literatura. Continúo redactando su diario, y, en él,
nos narra: “¡No perder contacto con la música!”. No soy tan sabio, reitero dar
el mérito al mérito, dar al César lo que es del César, recojo esta noticia, de
un notable artículo de opinión y articulista y músico y…, Luis Gago, Luis Carlos Gago Bádenas (1961), titulado: El
músico Thomas Mann, publicado en El País el 31 de diciembre del 2025.
Y,
ésta es la cuestión, toda persona busca un refugio, en medio del acontecer
humano, sea éste, diríamos normal y rutinario, sea éste en tiempos convulsos.
Todo ser humano, además de su refugio en sí mismo, refugio en la familia,
refugio en su trabajo y refugio en su vocación, si es diferente al laboreo
profesional y dinerario, además se buscan otras realidades. Son ilimitadas las
posibilidades. Pero muchos se refugian en algún Arte. Nunca llegarán a ser
expertos o especialistas en ese Arte, pero cerca, se les acerca dicha
posibilidad. Thomas Mann llegó a dar
conferencias sobre música, por ejemplo, lo cual, no es pequeña cosa. Claro
alguien podría indicar, que alguien que llega a la fama de Thomas Mann podría haber dado conferencias sobre cualquier tema,
desde las setas a los extraterrestres, y la sociedad les habría escuchado…
Perro
en la vida diaria y rutinaria sucede lo mismo, los humanos siempre están
buscando refugios, tenemos la necesidad de encontrar refugios, refugios que
pueden ser materiales y físicos, pero
también sociales y económicos y culturales y religiosos-espirituales. Diríamos
que cada etapa de la vida, se caracteriza por el refugio en el cual te insertas
o incrustas como una enorme cueva y gruta y laberinto y restaurante y playa y
mar. Cada uno, debe averiguar cuáles son esos refugios dónde inserta su carne y
su corazón y su alma, para entender y entenderse mejor… Al final, eso es que
posiblemente llevamos haciendo, al atardecer-anochecer refugiarnos en nuestro
refugio al lado del fuego, haya sido hace treinta milenios haya sido ayer en el
siglo pasado, quizás ahora, el fuego-televisión-Internet es el gran refugio de
la noche de miles de millones de seres humanos…
Aprendemos
de las grandes figuras humanas, que pueden ser muy conocidas, pero pueden ser
también anónimas. Existen grandes figuras, que detectas en su rutina y en su
sencillez, incluso en su humildad, en sus fracasos, que llevan dentro de sí una
antorcha muy grande. Quizás, esa luz, quizás esa luz jamás será descubierta,
quizás sea olvidada, quizás ellos o ellas mismos y mismas no saben que la
tienen. Quizás, quizás entran en el laberinto de la vida, jamás nadie
descubrirá ese enorme misterio que llevan, ni siquiera ellos o ellas mismas.
Pero
también existen los que dan mucha luz y tienen mucha notoriedad, en su generación,
o van pasando de una a otra. Aquí, están los grandes hacedores de las Artes, de
algún Arte, del Saber, de las Ciencias, de la Espiritualidad. Algunos su sombra
nos proyectan desde hace algunas generaciones, otros desde hace siglos, muy
pocos desde hace milenios.
Es
un misterio porque unos humanos nos proyectan luz a los demás. Quizás, incluso
una luz negativa, nos enseñan a no hacer lo que ellos hicieron. Tenemos ejemplo
en siglos de evolución histórica, tenemos ejemplos en el siglo veinte, es decir,
ayer en la historia, ayer, dos o tres o cinco generaciones de ayer… El mundo es
complejo y el mundo es sencillo, ambas realidades hay que abrazarlas…
Podríamos
citar muchos nombres de lumbreras, muchos nombres que en un Arte se refugian en
un/su exilio, puede ser exterior, se marchan andando miles de kilómetros, puede
ser interior, no se mueven de su casa, y, van pasando sobre ellos o ellas,
inviernos y veranos, van creciendo sus dobleces de espaldas y cambios en su
cabello. Son conocidos o conocidas por todos los vecinos, y, cada vez, quizás
por menos personas, llegan un tiempo de dejar el trabajo oficial o vocación
oficial, pero continúan buscando en una actividad el consuelo del corazón. A
veces, a veces de un arte. Van
recorriendo conciertos de música, o exposiciones de arte, o libros de las
grandes nombres del pasado, o iglesias con sus sermones, o todas las cosas al
mismo tiempo.
Puedo
entender a Thomas Mann en su refugio
de Estados Unidos, puedo entenderlo
en muchos sentidos en su refugio en Europa cuándo volvió. Esperando, la muerte,
quizás esperando entender totalmente el mundo, quizás hacer su gran obra,
quizás intentar ir recogiendo sus brasas y fuegos interiores materializados en
palabras y cartas y documentos para dejar a la siguiente generación. Puedo
entenderlo y puedo comprenderlo. Porque muchos, están en esta situación, ya
están en la Tercera Edad, no han llegado a ser grandes figuras, pero tienen y
están en un exilio interior cultural y en un ostracismo cultural interior.
Saben que sus producciones posiblemente se perderán, se hundirán en el silencio
del tiempo. Nadie sabrá que existieron. Nadie, casi nadie.
Pero hoy, también le estoy recordando a usted, que no es una Gran Figura en ningún campo, que van pasado sus años. Y, que también tiene que enfrentarse, quizás ayudado por una actividad o quizás por un Arte, su/el fragor de sus últimos kilómetros de tiempo y espacio y vida. Hoy, como casi siempre escribo para el hombre y la mujer anónimo, como el que escribe estas líneas. Hoy, también le deseo recordar, que no olvide además de su Arte o no-Arte para vivir sus últimos años o lustros, que no olvide al Buen Dios, al menos la posibilidad de que exista, la posibilidad de la duda, al menos una duda racional y razonable y moral y prudente. Paz y bien.
http://filosliterarte.blogspot.com.es ©
jmm caminero (03 enero 2026 cr).
Fin artículo 5.293º:
“No olvidar la música y Thomas
Mann”.
E.
04 enero