Artículo 5.273º: “Dejar el cuerpo a la ciencia: José Luis Martín Prieto”.
Hoy, por los destinos inciertos
del azar o de la causalidad vamos a mezclar dos temáticas en una. Hablaremos un
poco de la muerte y hablaremos un poco de un periodista.
Es lo que venimos haciendo,
empezaremos por el periodista, que donó su cuerpo a la ciencia. Muchos se
habrán curado porque este periodista, dejemos en incógnita de momento el nombre
–ya lo he puesto en el título-, donó su cuerpo a la ciencia, y su familia lo
permitió. Muchos habrán aprendido y aprehendido de ese cuerpo, incluso muchos
que quizás no les gustaba este periodista. Todos reconocemos su nombre, su
rostro y su figura y su imagen. Al menos, los que hemos pasado de cinco
décadas… es considerado uno de los grandes de la segunda mitad del veinte en
nuestro terruño celtibérico…
Redactó un artículo titulado: El
final de Nuremberg, publicado el 29 de junio del 2009 en El Mundo. Y,
cómo es lógico nos analiza algunos datos de la guerra y de la gran guerra
última en Europa, de la Segunda Gran Guerra del siglo veinte en Europa. Bueno,
bueno es quizás mezclar y combinar dos realidades, este periodista, como todo
periodista también redactó algunos libros. No sé, no sé si él se consideraba
escritor o escritor literario, o sólo escritor de periódicos. Pocos dicen,
ahora ser escritores de periódicos, todos quieren ser escritores literarios en
periódicos. En fin, son discusiones, que desconozco… dicho periodista, pongamos
nombre se llamó: Martín Prieto, José
Luis Martín Prieto (1944-2019).
No niego la enorme importancia de
los Juicios de Nuremberg, incluso
para la filosofía y filosofía moral. Porque fue el hecho teórico y práctico,
que por fin el mundo aceptó, que existían “derechos naturales de todo ser
humano”, es decir, “existe una moral natural o unos derechos basados en una moral
natural” universal y aplicable a todo ser humano –idea y concepto que lleva dos
milenios defendiendo-. Hasta ese momento, durante dos siglos, desde la
filosofía, especialmente algunas corrientes de pensamiento, que llegaron y
pernearon en movimientos sociopolíticos y culturales y sociales y
antropológicos, defendieron, con más o menos matices, que “no existía una
naturaleza natural del ser humano, y, por consecuencia tampoco una moral
natural”.
Todavía hay ecos de esa
concepción. Pero los Juicios de Nuremberg,
demostraron y plasmaron el concepto que “todo ser humano, todo ser humano,
reitero y repito, es y tiene unos derechos inalienables por sólo ser humano”.
O, por decirlo más fácilmente, por tener una cabeza y dos piernas y dos brazos
tiene derechos inalienables, nadie se los puede quitar, pero si no tuviese dos
manos o dos brazos, también sería un ser humano, y tendría esos derechos que
nadie, ni sociedad, ni cultura, ni Estado, ni metafísica, ni religión se los
puede quitar. Eso fue la gran lección de Nuremberg,
quizás la gran lección de la Segunda Guerra Mundial…
Pero le diría al señor Martín Prieto, un concepto que se dice
en la calle, pocas veces, en los rotativos y pocas veces en los libros, pocas
en conferencias, pocas en congresos, pocas en charlas y pocas en artículos de
opinión. Una cosa que es una perogrullada, porque es obvia y evidente. Que
mejor o peor, se celebraron unos Juicios
de Nuremberg, para enjuiciar a una parte de la población, dicen que no
llegó al diez por ciento, que realizaron en esos años aciagos y tristes, cosas
sin nombre contra la humanidad.
Cosas que jamás seremos capaces
de entender, ni siquiera de soportar. Porque qué habían hecho de crímenes un
millón, al menos un millón de niños judíos, también algunos de otras etnias,
qué habían hecho para que fuesen muertos y quemados y gaseados. Qué habían
hecho. Cómo el siglo de más elevación científica y técnica, incluso política
moral de la humanidad. Cómo ese siglo y cómo se hizo. Preguntas que jamás somos
capaces de contestar…
Pero decía, que en la calle se
dice/decía, barbaridades se han hecho en el siglo veinte, no existen adjetivos
para calificarlas, pero también se hicieron en otros lugares no sólo de Europa
Central, sino también en otras zonas de Asia y de África. Y, se pregunta la
calle, porqué esas personas o al menos, un tanto por ciento, al menos un diez
por ciento, no tuvieron su Juicio de Nuremberg.
Las personas en la calle, se
preguntan porque ese doble rasero de medir…Algunos se preguntan, con todos los
matices que se quieran, ¿por qué para algunos regímenes sociopolíticos, que
hicieron barbaridades, porque en el siglo veinte, toda Asia estuvo llena de
campos de concentración, o, al menos en grandes zonas, porqué para algunas
zonas y algunos sistemas sociopolíticos hubo una amnistía general y para otros
no…?
Un columnista traslada preguntas
de la calle al periódico. Muchas veces, sólo ese es su fin, oír canciones que
están en los bares entre cafés, incluso hechas por personas que ya mayores, se
pasan dos o tres o cinco horas en un bar, esperando digamos su Viaje Final. Y,
ellas, que ya tienen su corazón en la tranquilidad de la espera, son los únicos
que se atreven a decir ciertas preguntas en la calle y entre vasos y entre
tilas y entre tés y entre cafés…
Un periodista Martín Prieto, MP, que creo tuvo una
gran influencia en su tiempo. Les digo y sugiero a sus herederos que creen una
entrada de Wikipedia más completa, la perfeccionen la existente. Y, que
realicen, si lo creen conveniente una Página Oficial de y sobre la obra y vida
de Martín Prieto…
Hoy, estamos hablando de la
muerte, de ese artículo que hizo nuestro autor que comentamos, y, ese hecho,
que donó su cuerpo a la ciencia. Miren ustedes la enorme diferencia de persona
y personalidades. Uno, ha dejado su cuerpo a la ciencia, para el bien de todos.
Otros, aquellos que fueron responsables de los campos de concentración y
exterminio, aquellos terminaron con miles, decenas de miles, cientos de miles
de niños y niñas…
O, volvemos a una concepción en
la que existe/exista una moral mínima y una moral universal o unos derechos
humanos para todos los seres humanos, o, me temo que cualquier mañana nos
levantaremos con una grave y triste sorpresa en el mundo. Paz y bien.
https://museovirtualcuadernosdelamancha.wordpress.com © jmm caminero
(15 diciembre 2025 cr).
Fin
artículo 5.273º: “Dejar el cuerpo a la ciencia: José Luis Martín Prieto”.
E.
28 dic.