Artículo 5.725º: “Joe Gould, Mitchell, Lemoore, Fredericks, Anastas…”.
Los libros a veces tienen
historias muy singulares. Evidentemente estamos “escribiendo libros” desde hace
4.500 años, que se descubrió la escritura…
- En tanto tiempo tienen que
aparecer historias de todo tipo. Una de ellas es ésta que en resumen sintético
le voy a contar:
Joseph
Mitchell
periodista de The New Yorker, de Nuevas York, descubre que en el mismo Nueva York, en el Village de NYC, hay una
persona Joe Gould (1889-1957) que
dice está escribiendo un libro: Historia Oral de Nuestro Tiempo, que
consta de millones de palabras.
Mitchell
publicó primero un artículo en 1942 contando la historia de este escritor
bohemio. El periodista y escritor Mitchell
en vida de Gould, y, después intentó
que el autor le diese o le mostrase manuscritos y escritos. Pero sólo consiguió
unas cientos de páginas, de las miles que decía tener. Por lo cual en 1964
redactó en dos partes en el The New Yorker, que dicho libro, que
él había creído que existía no era una realidad patente, ni nunca lo había
sido. En definitiva que se había confundido y se había equivocado.
Dicho libro escrito por Mitchell alcanzó una fama notoria, por
sí mismo, y, Mitchell como escritor.
De ese libro nació una película que todavía se puede ver en el mundo de
Internet, y, parece ser, que Mitchell
no volvió a escribir. Aunque posiblemente quizás la paradoja es que sus
manuscritos, porque tenía un impulso por la escritura, quizás continúen
inéditos. Sería de ser esta historia verdad, como el círculo se cierra otra
vez.
Pero en 2015 la historia da otra
vuelta, Jill Lepore en The
New Yorker. Esta historiadora investigó sobre este fenómeno y encontró
un cuaderno en la New York Public Library, que a su vez le había sido enviado a Mitchell y éste lo había donado a dicha
institución. Lepore siguió
investigando y encontró nuevos cuadernos, cartas, diarios, etc.
¿Por tanto, nos encontramos con
la situación de que nunca sabremos si el libro fue escrito, al menos en gran
parte, que los manuscritos, al ser el autor un “bohemio”, fue regalando a
distintas amistades, y, se ha perdido en gran parte, o, quizás sólo se escribió
una parte pequeña, que a su vez, algo se ha encontrado y algo se ha perdido…?
¿Nos encontramos con dos graves
preguntas, cuántos libros se pierden, en el transcurrir de los herederos y
décadas, y, si obras tan extensas como ésta que comentamos también se pudo
escribir?
- Sintetizando Claude Fredericks (1923-2013) escribió
un Diario Personal que consta entre 50.000 y 65.000 páginas según las fuentes.
Y Benjamin Anastas publicó un
artículo en la misma revista con el título: “The Most Ambitious Diario in
History”. Pero en este caso el archivo y los diarios si existían o no
se habían perdido estaban en Getty
Research Institute.
El otro caso es de Henry Morgenthau, que fue secretario
del Tesoro de Estados Unidos, en la era Roosevelt,
de 1934 y 1945. Cuando The New Yorker lo visitó en 1946, su
diario contenía 900 volúmenes y sesenta millones de palabras. En dicho año el
New Yorker publicó un artículo sobre dicho diario. Cierto que en el diario
original existían cartas, documentos de todo tipo, etc. Por tanto el diario
como tal, es sólo un tanto por ciento, en muchos sentidos esta obra sería un
archivo o un fondo, dónde se combina toda la documentación del autor, y,
añadidos que el autor iba redactando… Esta investigación fue dirigida por Alain Nevins, historiador.
- Según los datos que dispongo The
New Yorker publicó en 1989 un artículo de Bryan Di Salvatore, titulado: In Progress, sobre el Diario de Edwards Robb Ellis, que consta de 61 volúmenes y 18 millones de
palabras.
También el New Yorker publicó un
artículo en 1952 sobre George Templeton
Strong, un diario de 4,5 millones de palabras. También existe otro artículo
del New
Yorker sobre Ralph Waldo Emerson,
que tenía un diario de tres millones de palabras y 263 volúmenes.
- Terminemos el artículo, la gran
pregunta doble sería la siguiente: ¿Primero pueden existir manuscritos de
libros y de obras literarias, inéditos o casi inéditos de varios millones de
palabras, que estén a puntos de perderse, que estén olvidados o semiolvidados…?
¿Segunda The New Yorker sigue
investigando este tipo de obras, y, si demuestra que existen, sigue redactando
algún reportaje o algo semejante…?
Al final, existe un grave
problema, que no se aborda en cada generación existen en cada territorio,
miles, decenas de miles de autores y autoras, que son de tercera o quinta fila,
pero se pasan diez o cincuenta años de su vida intentando hacer una labor
cultural, en cualquier campo, sean de letras o de artes.
Y, al final, en la mayoría de los
casos existen muchos peligros que sus obras se pierdan. Tanto que ha avanzado
el mundo y Occidente, debería buscar formas y maneras, que los manuscritos de
esas personas quedasen para el futuro, igual que se conservan los diarios
personales de escritores no profesionales… En este caso son escritores
profesionales que fracasan, o si quieren de tercera o quinta fila. Y, sus obras
se van perdiendo este es el drama…
¡Pero parece que esta sugerencia
y este problema no llega a ningún centro de poder cultural, sea público o sea
privado…! ¡Aquí lo vuelvo a plantear, otra vez más…!
http://articulosperiodisticosjmm.blogspot.com.es ©
jmm caminero (14 septiembre 2026 cr).
Fin artículo 5.725º: “Joe Gould, Mitchell, Lemoore, Fredericks, Anastas…”.
E.
25 sept.