Artículo 5.493º: “Alguien quiso hacer una obra maestra”.
Entre la diversidad de seres
humanos existe un grupo que quieren hacer grandes obras maestras en las artes o
descubrir grandes principios teóricos o abrir grandes empresas.
No podemos negar este hecho,
serán quizás pocos, pero existen seres humanos, será un tanto por ciento
pequeño, bueno es que se descubra cuanta cantidad, pero existen algunos seres
humanos que quieren hacer una empresa o megaempresa en un sector económico
empresarial, que sea una de las cien más grandes del mundo, hay quienes quieren
descubrir principios en la naturaleza sean en un saber o en otro, que cambien
la faz del entendimiento humano, y, existen personas que quieren en alguna de
las artes, hacer una obra que sea considerada una de las cien más importantes
en su especialidad o género en el mundo occidental, para poner un marco
geográfico y cultural y espacial y temporal.
Entremos en el campo de la
literatura, existen personas que creen que pueden hacer o construir o edificar
una producción cultural que sea una de las cien más importantes o quizás de las
trescientas más esenciales de todo el mundo occidental en estos treinta siglos,
de todas las culturas, en el campo de la literatura-letras.
No nos engañemos, en algún
momento del existir humano de un escritor o literato profesional, que quiere
ser profesional, se plantea, una vez o muchas veces, aunque después lo rechace
que quiere hacer una obra de letras, que tenga la calidad o esté a la misma
altura de Esquilo y Sófocles y Homero y
Dante y Shakespeare y Proust y Joyce y Calderón y Cervantes y… O, si se
quiere o… Igual que el que pinta quiere producir algún cuadro u obra, que esté
a la misma altura de Velazquez, Miguel
Ángel, los Beatos de Liébana, de la Altamira o Lascaux, Rembrandt, etc.
Esta es la realidad… Pues hay un
alguien que creyó que podría hacer una producción cultural, más que un libro,
porque combinó diversas artes y saberes, esencialmente literatura, filosofía,
arte plástico y otros saberes en distinta medida. Que trato cientos de temas y
cuestiones. Que combinó diversidad de lenguajes estéticos y conceptuales, que
combinó todo o casi todo que se puede combinar y mezclar y diversificar y unir…
en una “única obra”, una obra en cantidad inmensa, ingente. Eso sí, dividida en
partes, para así hacerla accesible al público potencial y al mundo de la
industria cultural…
Ese alguien pensó que no hacía
otra cosa, sino pasar a papel, letras o dibujos-pinturas, y otras realidades,
lo mismo que se han hecho durante siglos y milenios. Que es un monasterio o una
catedral o un rascacielos o un palacio, un ente unido y único, que dentro de
sí, lleno y relleno de moradas y estancias, existen una multiplicidad de
saberes y de realidades conceptuales y estéticas. En su totalidad una catedral
es una y única, con una serie de finalidades diversas, y, dentro de ella,
existen espacios dedicados a múltiples funciones y finalidades, ayudándose de
distintos saberes, acaso no existe en una catedral: lo religioso y metafísico
como esencia, pero después el arte y las artes, la música, la plástica, la
literatura, incluso el saber de cada tiempo, sea ciencia o sea otro. Todo se
mezcla y se combina… ¡En cualquier templo religioso de cualquier religión del
mundo, de ayer y de hoy… sucede lo mismo…!
Aquella persona poco a poco fue
edificando ese edificio cultural y estético y conceptual fue añadiendo
ladrillos de palabras e imágenes a ese edificio. Lo iba presentando al mundo,
como “partes”, lo iba presentando como “totalidad de una unidad”. Lo iba
presentando a unos especialistas y a otros, de casi todo el mundo occidental,
de una rama del saber y de otra, de las artes, de la estética, del arte
plástico, del arte literario, de los diversos saberes, como filosofía, ensayo,
etc.
En esa obra, como el Ulises
de Joyce, en cada capítulo diríamos
un género literario, en esa obra, en cada “parte”, generalmente de cien
páginas, un “género del saber o literario o plástico”. En esa obra, de miles de
páginas escritas, de miles de dibujos-pinturas que están por el mundo, de
decenas de horas de audio-video, de miles de fotografías, de… dónde se incluyen
de alguna manera, una selección de cartas o lo harán, también documentación de ese
proceso de hacer este edificio mental y cultural, y, también del
recopilador-escribiente-pensante…
Una obra, que nunca se terminará,
hasta que los ojos se cierren al autógrafo o polígrafo o pensador o analizador
de la realidad o combinador de colores e imágenes. En esa obra, que ya se
habrán perdido muchas piedras y ladrillos, especialmente de arte plástico. Que
cada “parte” es una unidad en sí, pero que todo forma una unidad en sí. Un
dibujo es un dibujo, pero ese dibujo forma una unidad con todos los miles de
dibujos y pinturas. Una página escrita, es una página escrita con su
independencia, pero al mismo tiempo forma una unidad, con las miles de páginas
escritas. Todos los ladrillos visuales forman una unidad de obra, de obra única
y de obra total, con todo lo escrito, con todo lo dibujado-pintado, con todas
las imágenes-fotografías, con todos los audios-videos en todos los géneros… Por
eso se considera una “catedral mental”, no tiene paredes físicas de ladrillo y
piedra y hierro y vidrio, pero tiene “paredes de palabras e imágenes…”.
Pero pasó el tiempo, década tras
década como las hojas del otoño y la luna besando la superficie de la Tierra,
y, se decía ese escribiente, sin negar que tuviese muchos errores y defectos,
miles de errores de un tipo o de otro. Las catedrales también tienen errores
arquitectónicos, pero en su conjunto son inmensas, abordan al ser humano, desde
dentro y desde fuera. Pasó el tiempo, fue pasando las estaciones, año tras año,
década tras década. Había enviado no a cientos, sino a miles de personas y
entidades, grandes trozos de ella, en escritos y en imágenes y en originales…
Y, pasó y pasaba el tiempo, y, el mundo de la cultura, no decía nada. Ni en
general, ni por grupos o especialistas. Nadie decía nada…
Llegó el tiempo, que el autor:
escribiente, pensante-pensador, pintor-dibujante-plástico,
metafísico-religioso… llegó a darse cuenta, que si alguna vez, pensó que esa
obra, sería una de las cien o de las trescientas más importantes del mundo
occidental. Estaba y estuvo y está equivocado.
Que esa obra, estaba condenada a la desaparición, que al cabo de unas décadas
no quedaría nada o casi nada. A lo sumo, quedarían unos ladrillos y unas
piedras, que nunca reflejarían todo el edificio que se construyó, y que no
estaba terminado, pero ya era inmenso en amplitud y extensión…
Aquel ser humano, tuvo un sueño,
quizás cayó en la vanidad o en la soberbia, quizás, pensó que podría hacer una
producción cultural, que fuese una de las grandes, de las cien más grandes de
todos los tiempos y culturas en sus campos. Porque pensó que sólo tenía que
recoger fuentes y ríos y peces y frutas de miles de tradiciones, que él sólo
ponía a lo sumo un cero cinco por ciento. Quizás, pensó que podría dar un paso
nuevo en las artes y en las letras. Pero aquel autor llegó un momento que se
dio cuenta, que todo o casi todo se perdería, que esa obra, tuviese calidad o
no, fuese mediana o mínima, estaba condenada a la desaparición. El trabajo de
décadas y décadas, no quedaría ni siquiera, la cantidad suficiente, para que
investigadores y expertos en esas materias del futuro, la estudiasen, la
conservasen…
¡Aquel ser humano se percató que
aquella producción cultural humana… acabaría no existiendo…! ¡Paz y bien…!
¡AMDG, AMFG, AMHG…!
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jmm caminero (02 mayo 2026 cr).
Fin artículo 5.493º:
“Alguien quiso hacer una obra
maestra”.
E.
09 mayo