Artículo 5.283º: “Besando Zaragoza, VIII”.
Sé,
sé lo suficiente del artilugio-invento-constructo, denominado artículo
periodístico. Sé, que en principio tiene menos lectores, si vas poniendo
números a un título.
Es
difícil, quizás a un habitante nacido en la gran Zaragoza, o que la habite
durante lustros o décadas, pensar que alguien le puede enseñar o mostrar algo
nuevo, algo que no sepa sobre su propia ciudad. Y, aquí nos equivocamos, da lo
mismo una ciudad-pueblo de diez mil habitantes, o una de tres millones o una
intermedia de quinientos mil.
En
quinientas mil personas, pongamos el caso, existen quinientos mil kilos de
cerebro. Quinientos mil kilos de materia gris… calculen ustedes cuántos
camiones de veinte toneladas juntarían con todos los habitantes de la actual
Zaragoza –cierto que su cerebro no pesa mil gramos, sino entre mil trescientos
y mil quinientos…-. Con lo cual es más… Si Zaragoza
tiene 691.037 personas que respiran, más la población que exista y viva pero no
están empadronadas, más las personas que respiramos ese aire pisamos ese suelo durante unos días, de vez
en cuando… Sería, a grandes números, treinta y cinco camiones de veinte
toneladas de cerebro-encéfalo-neuronas…
¡Cuánto
pueden pensar, cuánto pueden sentir, cuánto pueden idear, cuánto pueden
imaginar, cuánto pueden alegrarse, cuánto pueden sufrir, cuánto pueden hablar,
cuánto pueden dejar treinta y cinco camiones de cerebros, y, eso sin contar las
piernas y los brazos y la carne, y, eso sin pensar, que puede que sea verdad
eso de que tenemos alma-espíritu inmortal, que pregonan y predican y dialogan
las tres grandes religiones monoteístas de Europa y del arco Mediterráneo…!
Todo
lo anterior, es para mostrarle y explicarle, que una ciudad no sólo es la
evolución material de monumentos o piedras o costumbres, es también su “mente”
la mente de la ciudad. Lo cual, la mente-conciencia-consciencia de la ciudad se
muestra por cada ser humano que atraviesa sus paredes durante un tiempo, sean
cinco años o sean cien años…
No
sé, si una ciudad tiene alma o tiene duende. No sé, si esto es real, o este
concepto o palabra es real. Lo que si sé, que cada ciudad está formada por
seres humanos que se van dejando el testigo unos a otros, generación a
generación, siglo tras siglo. Y, esos seres humanos van dejando y fluyendo y
lloviendo sus penas y sus alegrías. Es la razón de la historia.
Recordamos
a los grandes o que consideramos grandes, pintores, en este caso Goya, o, recordamos a los grandes
generales, que han pasado por ella, pongan ustedes nombre en esta ciudad:
…………………, recordamos al César, Augusto,
o los diversos líderes de las diversas culturas o metafísicas o religiones.
Todo esto está muy bien, pero no podemos olvidamos a cientos, miles, decenas de
miles, cientos de miles, millones de personas que han pasado por Zaragoza, que son los del común,
supongo que como usted y como yo. Seres que posiblemente, sólo recordarán de
nosotros nuestros familiares directos, y, nuestros biznietos, si los tenemos,
apenas sabrán casi nada de nosotros, ni siquiera nuestro segundo apellido. Cosa
que no es tan mala, porque olvidarán lo bueno que hayamos hecho, pero también
olvidarán lo malo que hayamos hecho…
Una
ciudad es todo esto, también es todo esto. Zaragoza también es todo esto. Me
comprende usted, estoy hablando de usted, de cientos de miles como usted, que
han andado y caminado y sonreído y entristecido un tiempo por las calles de
Zaragoza: la romana, la visigoda, la medieval, la renacentista, la moderan, la
francesa de los sitios, la contemporánea, y, la del siglo veintiuno.
Nosotros,
los articulistas, hablamos al hombre común, porque nosotros pertenecemos a este
grupo, bueno, si alguien de la elite, quiere acercarse a ver este artículo y
beber algo de sus aguas, también se agradece. Pero quién es el que será
recordado dentro de cien años. Pero nuestras huellas continúan. Quién sabe si
una palabra que usted dice, al vender tomates, le sirve y sosiega a una mujer
de mediana edad, que medio llora, porque el esposo la acaba de abandonar y se
ha quedado con sus dos hijos pequeños. Quién sabe, si esa frase, a esa mujer
vendedora, le ayuda a no caer en el abismo. Hacemos el bien, también con las
palabras… Cortemos ya este párrafo… Esto es también Zaragoza.
Aquella
mañana se introducía la niebla en los ojos, esa niebla fría y que permite
percibir el entorno, pero se forma un halo. A veces, pienso que Zaragoza está
entre esa niebla, a veces, llovizna, no como la gallega, pero también real, esa
niebla fría, que uno ha sufrido algunos días. Ese frío de un mayo –una vez
compré una bufanda en mayor, con un frío enorme, en un gran centro comercial-,
y, el otro extremo ese calor profundo de agosto. Hemos ido, varias veces, en
verano, y, el calor y la calima del calor es grande. A ciertas horas, como en
toda la Península los conejos se introducen en sus madrigueras, los que no han
marchado a playas del Levante o Cantábrico hispánico, o playas de otros lugares
de Asia, ya que hemos indicado que somos Eurasia. Capte esta visión de la
realidad, porque le ayudará a entender mejor el futuro que le viene encima –si
a usted, porque este escribiente, ya está en los pasos de la Tercera Edad-..
En
un texto de ochocientas palabras, que siempre se alargan, en este invento que
denominamos artículo, cuánto da de sí. Cuántos mensajes conscientes van y
cuántos mensajes inconscientes también marchan. Quizás, no se ofenda, para
comprender esta columna periodística, tendría que leerla dos veces, si no tres.
Pero no creo que usted con sus prisas tenga tiempo de ello. Porque un artículo
de opinión, es un espejo que alguien, con palabras le pone delante de los ojos.
Para que se vea a usted. A sí mismo Sí, se perciba a usted. Un artículo, éste,
esta serie de y sobre Zaragoza, sólo habla de usted. Sí de usted aunque no lo
crea.
En
aquel viaje, de dos o tres días, nos propusimos real o imaginariamente degustar
los famosos dulces de Zaragoza. Porque es una manera de entender la realidad,
lo real de una ciudad. Uno, por el mediodía, otro por la tarde. O, puede ser,
que la memoria se me haya nublado, y, lo realizamos en distintos días y en
distintos viajes.
Al
final, un artículo es un relato-narrativa, tiene algo de ficción. Pero
invitamos a saborear: Frutas de Aragón, Pastel Ruso, Trenza de Almudévar,
Reliquias de Santa Águeda, Adoquines, Churros con chocolate, Roscón de San
Valero, El manto de la Virgen, Rosas de San Luis, Lanzón de San Jorge,
Guirlache, Tortas del Alma, Rosquilla de anís, 5 de hojaldre… -algunos, no se
ofendan son de toda la península, con otros nombres, con otros matices-.
Porque
una ciudad no sólo se camina en ella, no sólo se respira, no sólo se
descansa, también se saborea… Al menos,
si lo que se saborea es legal y es moral. Paz y bien…
http://www.facebook.com/cuadernossoliloquiosjmm © jmm caminero (14 septiembre 2025 cr).
Fin artículo 5.283º:
“Besando Zaragoza,
VIII”.
E.
04 enero