Artículo 5.207º: “Las castañeras, los Santos y los adolescentes”.
No hay articulista de opinión de
nuestro terruño que en estas fechas pasadas no haya escrito una columna
periodística sobre las castañas y las castañeras del Retiro o de nuestro
pueblo.
Hay
que decir, para ser justos y en verdad, que era y es una costumbre, que yo sepa
que se desarrolló por casi toda la Península
Ibérica, existían castañeras vendiendo en distintos puntos de Madrid, y, en distintos puntos de esta Tierra de Conejos o Celtiberia, en muchas ciudades. A
veces, también se vendían moniatos-boniatos o incluso patatas asadas.
Las
castañas han indicado algunos historiadores que ha sido un alimento económico y
se recogía del bosques, especialmente en tiempos de escasez, y, que yo recuerdo
se hacían tortas si se molían y distintos productos, se consumían asadas o en
crudo, se le añadían a cocidos, también se presentaban dulces, y con las
harinas se hacían todos los inventos humanos posibles en las cazuelas, también
para los animales como alimento complementario. Es decir, ha sido un
complemento durante siglos en esta Piel
de Toro que por tantas situaciones hemos pasado. Ahora en algún periódico
dicen que su precio es de seis euros el kilo.
En
las calles se vendían en diversas plazas, metidas en cartuchos, de papel de
estraza, en algunos casos de periódicos. Estaban calientes y asadas, recién
asadas, abiertas por un lado, con diversos colores dentro de sí. No olvidemos
que durante varios meses se pasaba frío por toda la geografía, ahora con el
cambio climático, el frío duro sólo permanece dos o tres semanas según los
climatólogos. Ha cambiado el aire que nos envuelve. No podemos olvidar los
cambios de la realidad. Los cambios del mundo.
Por
lo general, las personas humanas tienen compasión de las personas que en la
plaza o en la calle de algunas ciudades se ponen a vender castañas, y, pasaban
frío, llenos/rellenos sus rostros de telas
y bien tapadas. No olvidemos que en los mercados de abastos municipales tampoco
se disponían de calefacción. Este país y sociedad ha pasado mucho y mucho frío
y mucho y mucho calor. No lo olvidemos, somos herederos del trabajo y
sufrimiento de muchas generaciones anteriores a la de usted. Sí, deberíamos no
olvidarlo, de personas que han trabajado y sufrido aunque sus cerebros-neuronas
tuviesen distinto color ideológico, pero el mismo color biológico.
Ahora
se equipara en estas fechas, unos días, varias realidades: Las castañas, con
las Fiestas de los Santos y las visitas masivas a los cementerios, en
definitiva, a recordar a los antecesores, también se está materializando y
desarrollando como un mar, la fiesta de jalogüín, Halloween, también quiero recordar que en
fines de semana me asomo a la terraza y percibo como jóvenes y jóvenas al
amanecer vuelven de camino a sus casas…
Creo
que todas estas realidades se producen juntas –digo, me digo a mi mismo, alguna
vez, redactaré un artículo sobre estos jóvenes y adolescentes y primera
adultez, ya en Universidad o en Secundaria, no todos, pero si algunos vuelven,
hablando fuerte y en alto de vueltas a sus nidos, y, me digo, sus madres habrán
estado preocupadas toda la noche, sin medio dormir, pero aquello del refrán
musulmán, los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres, creo que es en
muchos sentidos, cierto, o al menos una mezcla-.
Estoy
ya en la Tercera Edad, y, de vez en cuando me surge en la cabeza consciente,
algún recuerdo de alguna persona, porque casi siempre los recuerdos están
trufados de paisajes y lugares y personas, de uno mismo y de otros. Recuerdo
cuántas personas ya no percibo y no veo por las calles, yo tampoco salgo mucho
por esos lugares y ambientes y espacios y geografías. Diríamos que salimos
menos de la cueva del hogar, porque ya no tenemos tantas obligaciones
laborales… pero recuerdo, y siento, como millones de personas van falleciendo
cada año en el planeta… van olvidando su sombra en la acera y en la pared.
Aquella
persona que durante años y años y lustros y lustros, ponía su tenderete, con
permiso del Ayuntamiento en la Plaza de tu pueblo, y, así lo vistes como fue
cambiando su rostro y su edad… primero en una edad mediana, después ya mayor,
después ya casi jubilado, ya, incluso jubilado, y, ya ha desaparecido del
panorama. Hombre o mujer…
Aquello
de Las
Coplas de Jorge Manrique es
verdad. Cada uno, cada uno recuerda a sus familiares directos, pero también a
otros indirectos… Muchos articulistas, dicen, que hablamos de las castañas y
castañeteras del Retiro, -el Retiro por si no lo sabe se refiere al Parque
del Buen Retiro de Madrid-, porque no saben de qué hablar. Están
diciendo que siempre hay temas cíclicos y temporales…
Creo
que existen unos temas que denomino de la “tortilla”, que son intemporales y
son casi eternos. Al hablar de las castañeteras, casi todas eran mujeres, que
sacaban un pequeño sueldo, casi todas de luto, casi todas mayores. Casi todas
intentando sobrevivir de y en la vida. Casi todas con historias quién sabe, si
regulares o menos que regulares. El azar en la vida es esencial e importante.
No sólo el azar. Quién sabe la vida que había llevado y que llevarían… Madrid
merece que haga una escultura en algún lado, quizás al lado de alguna puerta a
las castañeteras o castañeras…
Ahora
recordamos otra vez las castañeteras, junto a la fiesta de los santos –si
existe eternidad para el hombre, se plantea la pregunta, cuántos se harán
salvado en el Lado bueno de la eternidad-, y, también, quiero recordar a esos
jóvenes, que vuelven al amanecer a sus casas, hablando alto por las calles,
algunos cantando, sabiendo que el dominio es suyo, casi siempre en grupo…
Hablamos de todo eso, no porque no sepamos tener ideas para otros temas, sino
como símbolo y metáfora del ciclo de la vida. Lo dice alguien que ya sabe que
está en la Tercera Edad, aunque no ha entrado en la Cuarta Edad, pero no le
falta tanto… Paz y bien.
https://muckrack.com/jmm-caminero-1 ©
jmm caminero (04 noviembre 2025 cr).
Fin artículo 5.207º:
“Las castañeras, los Santos y los
adolescentes”.
E.
16 noviembre