Artículo 5.018º: “Cunqueiro sentado en un banco mirando la catedral”.
Una escultura del maestro Cunqueiro sentado en un banco mirando
la Catedral de Mondoñedo. Creo que
es el símbolo-signo no solo de una persona y época y de una lengua.
Álvaro Cunqueiro
Mora (1911-1981)
autor de decenas de libros, se indica de cerca de veinte mil artículos de
opinión, posiblemente también de otras piezas periodísticas, que esperan ser
rescatadas… que hasta dónde sé, todavía no se han publicado sus Obras Completas, -aunque la Biblioteca
Castro ha publicado creo que tres tomos, si mi memoria no me falla-.
Que fue director de dos periódicos, que llevaba en sí un misterio y un enigma.
Creo que casi todas las personas llevan en sí, un enigma y un misterio en su
interior, algunos lo conocen, otros no. Creo que los escritores y artistas de
todas las artes, creo que los científicos y filósofos y teólogos se pasan toda
la vida intentando descubrir ese misterio y ese enigma. Utilizan distintos
saberes pero con el mismo fin.
Cunqueiro junto con Plà, Pemán, Ruano, Camba, Umbral, eran paridores de artículos de
opinión, que en definitiva, es traspasar cualquier realidad del momento o de
siglos, a lenguajes poéticos, y, publicarlos, hacerlos públicos en un artilugio
que se llama periódico. Ahora digital, antes en papel en exclusiva. Es contar y
narrar dentro de noticias internacionales y nacionales de enorme gravedad, es
contar a cualquier lector, algo sobre un orinal o un dedal o una obra de teatro
o una comida o una mirada o una pequeña idea. Si comparamos que es un orinal
con una crisis militar política potencial en el Pacífico. Si lo vemos bien, no
es nada. Pero el relato del orinal puede que quede para siglos siguientes, y,
el peligro potencial en el Pacífico, si no sucede nada, pues se olvidará, y,
solo lo recordarán los especialistas.
Creo
que eso es lo que hacemos los articulistas de opinión, creo que merezco ya
decirme a mi mismo, mirarme en el espejo, y, decirme a mi mismo –ya he escrito
cinco mil-, soy uno más, de los miles, decenas de miles, que han pasado por
esta Celtiberia, cientos de miles en el planeta. Aunque no cobre estipendios
económicos, creo que no es vanidad, ni soberbia, decirme a mi mismo, soy uno
más, entre las docenas de miles que han existido en esta Piel de Toro en estos
tres siglos. Sentirme que pertenezco al menos a un grupo cultural, ya que en
otros géneros, nadie me abre sus puertas, al menos aquí, cosa que agradezco,
los equipos directivos me permiten publicar. Y, eso hago, en esta tercera etapa
de mi existir, al menos, me digo hago algo, aunque sea una gota de agua en todo
el inmenso mar, en este océano de letras e imágenes…
Cunqueiro me parece una figura enigmática,
más que el resto de los mortales, más que el resto de los
escribientes-escritores-escribidores. Creo que Cunqueiro, como el bien dijo, “llegó antes a la novela fantástica”,
o cómo quieran llamarlo, que el boom americano. Llegó antes. Pero llegar antes,
no es siempre signo de dar al César lo que es del César… Recuerdo a Cunqueiro, como una persona, que se
metió en Galicia, su tierra y su lengua, escritor genial en dos lenguas, como
también lo fue Plà. Se metió en
Galicia, en su tierra y en la lengua de su tierra, escribió siempre en dos
lenguas, se metió en Galicia escondiéndose de algo. No sé de qué algo. Quizás,
se dijo, volveré a mi tierra, e, intentaré hacer la obra que llevo dentro,
intentaré sacar de dentro la obra que llevo dentro. Quién sabe cual es el
misterio de un ser humano, quién sabe cual es el misterio de Cunqueiro…
Cuánta
riqueza cultural e interpretativa y humana habrá y existirán en los cientos y
miles de columnas periodísticas de Cunqueiro. Es cierto que se han publicado
libros con antologías, es cierto, pero desearíamos ver en Internet, miles de
artículos publicados o con referencias, si los herederos lo permiten… pero hoy,
si hoy, me quiero fijar simplemente, en esa escultura-recuerdo de Cunqueiro sentado en un banco, sentado
frente a la Catedral de Mondoñedo.
Mondoñedo sí, pueblo de la famosa tortilla de Mondoñedo. Cunqueiro el del buen juntador de
palabras, el del buen juntador de sabores.
La
Casa dónde vivió, Casa Museo Álvaro
Cunqueiro. Tienen los museos-casas de los escritores, algo enigmático. Se
podría hacer una ruta turística por todas las casas-museos de escritores y
artistas de este terruño. Creo que así se valoraría más las letras y las
imágenes… Cunqueiro es un gran
escritor, un gran escritor gallego, un gran escrito español, un gran escritor
europeo, un gran escritor mundial. No valoramos lo suficiente a los grandes.
Somos cicateros, palabra popular. Si lo somos, no valoramos lo suficiente a las
grandes mentes y cerebros que este país ha dado, a lo largo de los siglos, sea
en las letras, sea en las artes, sea en las ciencias, sea en la filosofía, sea
en la teología… somos un pueblo que olvidamos. Algún día habría que reflexionar
porqué y por qué olvidamos tanto…
Mientras
tanto, mientras que usted vaya observando y analizando y pensando a Cunqueiro, en su Casa Museo, mientras tanto, piense y recuerde en esa
imagen-escultura de Cunqueiro sentado en un banco mirando la plaza y la catedral.
Mirando la catedral, mirando el misterio de la humanidad… mirando su corazón y
su carne y algo de su alma, porque eso es lo que hizo durante toda su vida,
intentar descifrar con palabras e ideas e imágenes y metáforas el misterio de
la carne-mente-alma humana. Aquí mi homenaje… ¡Cunqueiro que debería estar
enterrado en la catedral de Mondoñedo –como dice César Antonio Molina-, cerca de su escultura, cerca de su casa,
cerca de la farmacia de su padre, cerca de sus sueños…!
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jmm caminero (30 julio 2025 cr).
Fin artículo 5.018º:
“Cunqueiro sentado en un banco
mirando la catedral”.
E.
03 agosto