Artículo 5.036º: “Besando Zaragoza, V”.
Existen muchos tipos de viajes y
de viajar, existen muchas razones y causas del viaje y del viajar. Existen
muchos modos de afrontar un artículo de opinión sobre el viaje o viajar.
Si no tenemos en cuenta lo
anterior, no entenderemos la diferencia entre un tipo de columnas de opinión y
otras. La estrategia y táctica de estos artículos es ir recordando diversos
aspectos del viaje y viajar que este polígrafo ha estado y tenido con Zaragoza. Por lo cual, de todas las
veces que he visitado o la ciudad me ha visitado, no tengo en la memoria y en
la conciencia y consciencia cuándo sucedió un hecho y cuándo otro, si ese hecho
iba acompañado de una persona o de otra, siempre familia. Por lo cual, he
visitado siempre la ciudad dentro de la familia, de unos miembros o de otros,
según han ido respirando este aire, naciendo en este mundo, incluso con los
progenitores, y, el primer vástago en la barriga de la media naranja. Por tanto
todos los viajes, aunque haya diferencias se mezclan en la
consciencia-conciencia. En definitiva, pintamos una nueva ciudad. Creo que
recordar y saber esto, es importante. Porque usted pruébelo y compruébelo con
otra ciudad, y, le sucederá lo mismo. Es enseñar al que ha nacido y ha
arrastrado sus pies setenta años por ella, que existe otra ciudad, que otra
mente, en este caso este escribiente, tiene en su corazón otra ciudad, trozos
de otra ciudad, que es la suya. Es añadir algo a su forma de ver.
También la escritura de esta
serie sobre Zaragoza, este texto se
aborda mirando el recuerdo, recordando el recuerdo, se va haciendo un texto no
perfecto, sino que puede que un hecho o dato se redacte con palabras más
sobrias en el primer artículo, y, en el quinto se vuelva a realizar con
palabras más poéticas. Es decir, no es un narrar de un hecho o acto o
acontecimiento o edificio o calle, y, ya no volver a ella, sino quizás, al cabo
de unas semanas revolver otra vez en el recuerdo, y contar algo nuevo, o
incluso algo ya relatado. Diríamos que hemos seleccionado o escogido o la
circunstancia esta forma de expresar algo del mundo. Cuentas algo de un algo,
algo de una ciudad, y, puede ser aplicable a una aldea de diez casas y dos
calles. En cierto modo la analogía y la semejanza están en el corazón de este
relato. Es intentar abordar el viaje desde otros puntos de vista, abordar la
ciudad de Zaragoza desde otros modos
de narrar-relatar-contar. Para que usted, sea habitante fijo de ella, sea
viajero de unos días, sea consciente que su/la ciudad tiene muchas
perspectivas, que su corazón interior también. El viaje es doble, lo hemos
indicado siempre: uno es el real y el físico y el material, y, otro es el viaje
interior y psicológico y moral. El viaje es el hecho y el recuerdo. Es el
consciente y el inconsciente. El viaje como forma de aflorar lo interior
semiconsciente. El viaje es el presente y es el viaje de la ciudad en el
tiempo, es sentir también algo de su futuro posible.
Nos sentamos, en algún lugar, o
nos quedamos de pie, frente al Puente de Piedra, detrás de La
Basílica del Pilar. Y, te preguntabas, recuerdas, cuántas personas
habrán pasado por él. Desde esas historias de la conquista de Zaragoza por los franceses. Pero
cuántas personas habrán pasado por él. Millones de personas a lo largo de los
siglos. Cada uno con su esperanza y con su temor, con su alegría y con su pena,
con su desaliento y su desesperanza. Un puente, se dice pontífice al Sumo
Pontífice, tomado, si mi memoria no me falla de un “cargo y carga romano”, el que
pone en comunicación dos orillas, una palabra religiosa que pasó del mundo
clásico al cristianismo, el pontífice el que pone en comunicación dos mundos,
el terreno y el sobrenatural.
Este puente bañado con un espejo
de agua fluida, un espejo que se mueve, que es la sombra del corazón humano.
Miras el agua pasar, más deprisa o más lentas, y reflejan luces y sombras y
destellos de corazones que se han mirado. Todo puente y toda agua que traspasa
la historia por debajo tienen algo de enigmático y de misterio. Me figuro hace
tres siglos, un soldado de Napoleón
mirando el agua, me imagino un campesino de la comarca atravesando el puente
para vender y comprar algo, me imagino a un tal Goya, no sabiendo si sería un gran pintor, me imagino al apóstol Santiago, real o imaginaria la
tradición, durmiendo al lado del río, lugar que se ha utilizado siempre, porque
tenía cañas e hierbas para poder dormir y descansar y en verano era fresco.
Dicen que El Puente de Piedra de Zaragoza,
al lado de la Basílica con seis
siglos, seiscientos años, seiscientos por doce meses, y, que tardaron, dicen,
treinta y nueve años en construirlo. Pero antes, supongo e imagino, no sé tanto
de la historia de Aragón y de Zaragoza, pero antes debió de haber otro, otro de
madera, quizás, antes de Roma, otro y otros que los creó Roma de piedra, otro y
otros que fueron modificándose por los siglos medievales. Este puente es la
historia de todos los puentes existentes que se han destruido por alguna
cantidad enorme de agua y se han vuelto a construir. Siempre el río, la
historia de todo río es arrastrar agua, a veces, casi en sequía, otras veces,
en manadas de gotas como toros que nadie es capaz de controlar.
Siempre se ha tomado al río y al
agua del río como el símbolo y signo de la vida humana, vamos atravesando los
tiempos y horas y meses y años, vamos atravesando el silencio y el ruido, como
el río. Nuestras vidas son los pasos que nos llevan al mar, que es el morir,
parafraseando el verso, pero para unos, después del morir hay Algo, para otros
nada, pero siempre queda algo o mucho de lo que hemos hecho en este viaje de
años, -quizás queden estas palabras como otro modo diferente de narrar una
ciudad…-. De todas formas, la hipótesis de Existir Algo Después, es más
racional y entendible que entender la materia invisible y la energía invisible
de la que hablan los físicos actuales…
Hablaremos de una cosa pequeña,
signo y símbolo, parece un juguete, pero llama la atención, al lado de La
Lonja, edificio de comercio antiguo, ahora de exposiciones, recordado,
según muchos como el mejor edificio del Renacimiento de Aragón. Ese objeto o
pieza o realidad es El Caballito de La Lonja, una escultura al lado de La
Lonja, una pieza pequeña, que desconozco la razón de su ser, la razón
de su autoría, la razón de su significado. Pero al ser tan pequeño, en un lado
de dicha plaza tan larga, unión de espacio y tiempo.
Una plaza del Pilar con tanto
calor en verano y tanto color en las fiestas de octubre, recuerdo dicho lugar,
aunque he ido con calor y no calor, la recuerdo con mucho calor. Se habla del
cambio climática, se habla que la Península Ibérica cada vez hará más calor. Me
digo a mi mismo, pequeños aspersores o difusores de agua, situados en lugares
no visibles, para no erradicar la mirada que los paisajistas de la belleza
hayan diseñado.
Durante siglos en todas las
ciudades, grandes y medianas, existían fuente o fuentes para que el visitante
bebiese agua, se refrescase. Un cambio progresivo después de la década del
cincuenta del siglo pasado, fue que se fueron cercenando y asesinando y
mutilando y quitando las fuentes. Reivindico aquí se vayan poniendo otra vez
fuentes, para refrescarse, para beber agua, para remojarse la cabeza, así
combatimos el calor y ese calor que orada los huesos. Fuentes para que los
viajeros se refresquen, fuentes para que los pobres beban agua –la Virgen del Pilar creo que le agradaría
esta iniciativa, que en su plaza hubiese dos o tres fuentes para que los
corazones con sed bebiesen agua material, y, no solo espiritual-.. Hemos visto
el silencio en las fuentes. Toda ciudad es sus fuentes. Es una contradicción,
al lado de un río que marcha desde hace milenios, y, a cien metros una plaza
con un calor sofocante en algunos días del verano calor y del calor verano.
Dejemos la ciudad de Zaragoza o Zaragoza
nos deje a nosotros en este relato. Recordemos la ciudad. Se va alejando y se
va acercando la ciudad. Vamos viendo el silencio y el ruido. Dentro de unas
décadas, quizás estas palabras aún queden y resten algún tiempo a algún lector.
Cuándo estos huesos sean ceniza, quizás, alguien beba estas palabras, para
entender una perspectiva heurística o doxológica o gnoseológica o hermenéutica
o exegética de la vida humana. Porque eso es un viaje, un viaje hermenéutico
–permítanme palabras técnicas, a veces, la filosofía que Ortega, decía que hay que bajarla a la plazuela, a veces, la
deformación del saber, te lleva a recordarlas, para mostrar que siempre hay
algo más, siempre hay algo más, estimado lector siempre hay algo más-. Paz y
bien.
http://youtube.com/jmmcaminero © jmm caminero (18 julio 2025 cr).
Fin
artículo 5.036º: “Besando Zaragoza, V”.
E.
17 agosto